"La mirada del artista puede ser crítica, pero no es nunca acusatoria ni resentida." Roland Barthes

martes, 25 de abril de 2017

Una de amor



En el amor se es siempre principiante, hágase con contact o flying low.
Como en el contact, puede pasar algo o no pasar nada: puede surgir del encuentro una experiencia sorprendente, acelerante; accidentada o exitosa; o aburrir hasta la médula.
Puede usar el suelo para empujarse hasta el cielo o quedarse pegado a él con todo el peso de la gravedad, según la fuerza de los músculos involucrados.
Puede volverse repetitivo hasta el hartazgo. Puede hacer sacar la lengua. Puede pedir más de lo que hay y aún así no dejarse soltar.

jueves, 6 de abril de 2017

Heroniña


¿Nace? La heroniña llega a la vida ya dotada de poderes. Abandona con el pecho inflado su pequeño refugio de luz y le hace frente a la oscuridad sin saber lo que es el miedo. Se descubre de a pedazos en esa ceguera posamniótica: nariz, ojo, oreja y, después de un rato, ombligo, pelvis. Se chupa y se muerde y el sonido de sus dientes, de su piel tirante que se suelta y golpea contra el hueso, viaja años luz.


miércoles, 8 de marzo de 2017

Extraña vecindad


"La danza surge como intensificación de los movimientos cotidianos". Es una extendida hipótesis antropológica que suena familiar en esta "Extraña vecindad". De la hipérbole, de la gratuidad de los movimientos, surge una danza más bien formada por los desplazamientos: un paso demasiado corto, un gesto demasiado amplio; un abrazo intrincado, hibridado con el rito de servir el café; una serie de momentos bellos e inútiles, ceremoniales.

viernes, 17 de febrero de 2017

Una espectadora se prepara

Abre la puerta.

Goza el viento que le lava la frente. Deja que le disperse el texto de la gacetilla. Solo conserva el título, para pedir la entrada. Lo paladea. Ve sus letras. Lo deja que se desordene un poco también, que juegue a la música. Le suena a A E R O S I L L A.

Una butaca puede ser una aerosilla. Los pies en el aire, el corazón de vértigo. Hay que confiarse a su dirección, al sentido de su viaje. Hasta que no se recorre, no se conoce. En nada se parece a ese hilo recto que se veía desde abajo. No hay manera de anticiparlo.

Se puede, en cambio, predeteminarlo. Se puede predefinir un juego de expectativas y apostar. Apostar me arruina el viaje. Si gano, no descubro nada. Me aburro. Me felicito. La aerosilla me es innecesaria. Si pierdo, la uso de chivo expiatorio, de punching bag, a ella y, por lo tanto, a quienes la hicieron, a quienes la disfrutaron, a mí misma. En ningún caso nos conocemos ni nos descubrimos, ni me descubro en ella, ni la descubro en mí. En ningún caso nos encontramos, no podemos jugar.

Pre-parada es sentada. Hay que poner el culo en la aerosilla. Hay que arriesgarlo para sentir un poquito de cosquillas en algún lado. Para después pararse con las piernas de resorte, con los pies hormigueando. Este hay que se refiere a mí.

Si la aerosilla no funciona me caigo y tal vez me mato. En la butaca/grada/almohadón se puede sentir mucho, hasta temor, hasta sufrir, hasta morir. Dispersarse poro a poro en el paisaje mientras la luz se apaga.